Sábado, 20 Julio 2013 03:58

"Mi aversión a los finales tristes"

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por Gisella Camila Santi, "la Gringa"...

 

Mi prima hace zapping mientras yo abro el Word para comenzar esta nota. De repente unas escenas de “Más allá de las fronteras” se encuentran en la pantalla. Y es cuando le comento que es “fea”, no me gusta, se trata de una historia de desencuentro y tiene un mal final. El pisa una bomba y ella lo abraza y recuerdo que ambos morían. Aunque no tengo la certeza. El punto es que no me gustan los finales tristes. Antes de ver una novela en YouTube, miro el tráiler y si me interesa veo el ultimo capitulo. Si termina mal, no miro la novela. Igual con las películas, en cuanto engancho una que parece digna de ver, busco la sinopsis, y solo así decido verla.

Sé que hay gente que se banca los finales tristes, porque la historia valió la pena. Incluso yo como novelista, suelo verme tentada a darle un final original y tétrico a mis novelas. Pero luego decido que no. Lo tétrico que sea parte del proceso, parte de la historia, pero no del final. ¡No soporto la idea de vivir en un mundo de finales tristes! Si es triste no es el final, solo es parte del proceso.

¿Por qué mi aversión a los finales tristes? Será que los tuve y a montones. Será que no me aguanto más un final triste en mi vida, será que soy muy débil, o será que elijo a diario el optimismo. O será que la excusa de haber vivido un final triste no me convence. Tu vida puede haber sido difícil, triste, tétrica, pero si no supiste convertir el drama en comedia, entonces no valió la pena. ¡Sufriste! Sufriste, lloraste, fuiste abusado y abandonado, y seguís lamiéndote las heridas, haciendo a los demás responsables de tus lágrimas, más que triste ese final es mediocre.

Una cosa es bancarse embarrarte en la crisis de sanar las heridas, ahogarte en el dolor que provoca hacerte cargo de tu historia, y otra muy distinta es conformarte con las conductas que te provocaron. ¡Si! Las conductas que te provocaron, no como sos. Porque vos sos algo más que la suma de tus respuestas conductuales. También tenés sentimientos, ambiciones, dolores, tristezas, y libre albedrio. ¡Y la responsabilidad que trae! Acepto que hasta los 18 (diciendo 18 como mucho) la responsabilidad de tus heridas es de tus padres, pero después… Ya es tu culpa. Podes elegir sanar, cambiar, mejorar, poner cada día lo mejor que tengas, aunque lo que tengas no sea más que un profundo dolor, para convertirte en alguien que pudo convertir el drama en comedia. Que pudo levantarse como la flor de loto, nacer desde el barro y la mugre y elevarse más allá de la superficie del agua, por encima de su propio nivel, sin verse mezclada con la tierra ni con el agua, a pesar de haber surgido de ellas.

Mi propuesta para hoy es que cambiemos el thriller por comedia, que nos hagamos cargo de nuestro presente. Ayer fuimos infelices, pero hoy podemos elegir. Recordemos que en la vida no existen solo dos opciones, existen miles. ¡Elijamos una! La que nos haga felices, despojémonos de las excusas y sanemos, al precio que sea, las heridas viejas.

¡¡¡Gracias Universo!!!

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